domingo, 12 de mayo de 2013

De mudanza

Su figura, desgarbada. El atardecer casi no dibujaba su sombra. Con las manos en los bolsillos, fiel recuerdo a la tristeza, ligeramente encorvado y ojos cristalinos, extremadamente limpios. La parte blanca de los globos era una hoja de papel virgen, un cielo inexistente, un plato con hambre, los dientes de África.
Era la figura de un estómago cerrado, de un corazón estropeado, marchitado, quebrado, agujereado, un corazón llorón y mocoso. Como el hombre que cultiva todos los músculos menos uno.
Era la figura del nudo en la garganta, de la boca seca, de la misma tecla de máquina de escribir golpeando una y otra vez la cabeza. Una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez y así vienen las lágrimas, y el estómago cerrado y los ojos aguados y la tierra seca y el tiempo que se hace más lento y el agujero del corazón que se duplica y agujerea también el estómago.
Era la figura de unas constantes vitales de metro, de ataúd, de madrugada de domingo. 
Y llegaba la noche, siempre llega. Mucho antes cuando uno no lo quiere... No hacían falta motivos para cagarse de miedo. Con los ojos cristalinos cabizbajos, el estómago cerrado y el corazón... el corazón de vacaciones. 

2 comentarios:

Patricia Jauregui dijo...

Que soledad!

conbotasrosasye_yé dijo...

Una NO sonrisa de corazón cerrado por derrumbe.

El único producto bello de todo...son tus palabras en esta mudanza.
Como siempre, grande.