martes, 14 de mayo de 2013

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Tenemos tanto que aprender de esos enanos. Hoy he visto en las noticias cómo un renacuajo separaba a dos adultos que discutían en un campo de fútbol. 
¿Por qué crecemos?
Creo que crecemos para querer, amar. 
Abandonamos el feto envueltos en cuidado y amor. Durante años somos objeto de caricias, preocupaciones y mimos. Nos lo dan todo a cambio de nada. Nos dan la vida porque sí, por amor.
Creo que crecemos para devolver todo ese amor que nos ha gestado, del que hemos nacido. Crecemos para devolverlo masivamente, a familiares, amigos, animales, recuerdos... 
No sería justo quedarse con todo ese amor, es más, creo que no es sano albergar tanto amor, nos hincharía y explotaríamos repartiendo injustamente todo ese esfuerzo que tanto ha costado, bueno no, rectifico, dar amor no cuesta, no debe costar. Si supone un esfuerzo pierde la maravillosa característica del amor, que es el amor en sí. Dejaría de ser amor para ser una mezcla un poco densa, extraña, de color marrón y con perlitas irregulares sólidas negruzcas en suspensión, como el aceite usado de un filete grasiento.
Tenemos, debemos dar amor a discreción, sin límites, con locura y comprensión, amor infantil, amor de gusanitos, amor de Roma, amor de pensión y amor de piso compartido.
Y, sobre todo, amor a quien amamos de verdad.

2 comentarios:

Sara dijo...

Creo que es una forma tan curiosa como preciosa de ver el hecho de crecer.

Deberíamos de seguir creciendo y queriendo con esa inocencia que se tiene de niño, sin ningún tipo de maldad.

Espero que a lo largo del camino obtengas y des amor infinito :)

releante dijo...

Pues a mi me gustaría que de alguna manera no crecer y tener el corazón, el alma y el espíritu de un niño. Un abrazo