martes, 17 de julio de 2018

Hace veinte años

Cada vez que vuelvo a mi ciudad suelo pasar por una calle desde la que siempre veo aquella ventana pequeñita, redonda y roja. Siempre la miro porque al verla retrocedo en el tiempo por un instante, sonrío y continúo caminando comprimiendo un pensamiento que parece que no se borra, o no quiere irse.

Fue hace mucho tiempo, la palabra feminismo sonaba a superioridad femenina, había manadas pero no salían en la tele, había violencia hacia la mujer, pero no era violencia, se silenciaba con amenazas, las mujeres, como hoy todavía, cobraban menos que los hombres. 
Esa ventana daba a una habitación abuhardillada donde compartí por primera vez cama con una chica. Todo iba a ir genial.

Nos metimos en la cama, todo estaba yendo genial. Todos mis amigos ya lo habían hecho y yo sentía que esas larvas que arañaban a su paso por mis entresijos saldrían catapultadas por aquella ventana pequeñita, redonda y roja convertidas en mariposas multicolores a la mañana siguiente.

Y entonces ella, como despertando de una pesadilla, abrió sus ojos y volcó en mí un empujón en forma de aire.

¡PARA!

Yo me asusté y paré. Le pregunté si todo iba bien y ella respondió con el mismo imperativo.

Paré y, sin saber qué había hecho mal, en silencio, me aparté. Innato.

Dormimos hasta el día siguiente.

lunes, 11 de junio de 2018

Unos cuantos sentidos de más

Los chicos con las chicas, 
las chicas con los chicos...

Cada calcetín con su par, mismos zapatos, cordones de los mismos colores. 
"Estamos matando al número impar"-dijo mientras besaba el borde de su taza de black coffee.
El silencio sólo* es incómodo cuando es silencio. ¿Acaso los ojos no hablan, los gestos?
"Quiero que te vayas, quiero irme de aquí", es lo que pensaba ella delante de mí cuando la comunicación verbal se desvaneció. Lo noté y el silencio se hizo cama de agujas oxidadas. 
Todos miran el móvil cuando van al servicio.
Yo me meé encima por no perderme una mirada suya, incluso las que hacían parábola sobre el resto de seres humanos en aquella terraza de gente sin importancia. No es tan fácil golpear el cristalino de la mujer que tienes delante y penetrar en sus pensamientos. A veces no hace falta, la mirada habla por sí sola pero mis yemas suspendieron braille en segundo curso. La universidad fue muy dura para mí, por eso decidí jugar con el haki mientras bebía litronas de hachís. Es tan importante mirar, ver, observar las flechas que van hacia uno como las que ella lanza a su alrededor. Trescientos sesenta grados de globo ocular. Como la Luna, solamente vemos una parte de sus ojos, ¿qué guarda el resto?
Y la mirada cogió el ascensor al sótano de su entrepierna. Piel que la vestía de mujer y marcas de mis dientes que le faltaban. Tacto del gusto al arco de sus movimientos que podía oír a cada milímetro de traslación y rotación.
Ella era el Sol y la Tierra.









*Sigo acentuando sólo. Es algo personal.

jueves, 10 de mayo de 2018

Antonio Machado

No recuerdo bien si eran cables rojos o vísceras lo que nos ataba. Un laberinto de carne dura y dunas que levantaban tus costillas flotaban en la densidad y el color del licor de granadina. Suave como despertar tras un coma, tras ese sencillo susurro de aire que precede al intercambio de saliva viscosa y dulce de un caracol en celo.
No recuerdo bien cuándo fundiste los plomos de aquella avenida, no recuerdo cómo, sin levantar cabeza, dibujaste en el cielo tallos germinando a la velocidad de fuegos artificiales. 

(El proceso de escritura puede darse de miles de maneras, por ciencia infusa, por vivencias bien o mal filtradas a la taza de café, tras un largo, o no, proceso de lectura y aprendizaje... Yo bebo y fumo hasta que algo sale)*.

No recuerdo cuándo escribí esto, cuándo te conocí y si te conocí pero todo apunta a que la respuesta es ahora.

Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora. 


*Parón en el proceso creativo debido a la falta de ideas y/o la imposibilidad de alcanzar un estado alterado de conciencia. Otro cigarrillo y un nuevo trago.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Lluvia

Hace poco leí algo así como "No hay que sentirse vivo, sino humano".
Iván Ferreiro dice que en la tristeza hay belleza. Creo que piensa que no hay nada de malo en estar triste, que no debemos aplacar ese sentimiento, tan natural como la felicidad.
Podemos volver a ese "Es mejor haber amado..." del poeta inglés Alfred Tennyson (no sabía quién lo dijo, lo he buscado en Internet).
Es mejor haber sido humano que no un mero pasajero de la vida. Es mejor tener grietas, ser imperfecto.

Lou Reed se mezcla con el sonido de la lluvia rompiendo en las ventanas, algunas gotas de agua se cuelan curiosas en casa y me preguntan qué me pasa. Intento sentirme humano, pero cuanto más humano me siento, menos vivo estoy. 

Existe una felicidad vegetativa en las canciones tristes. Una luz latente que asoma con determinados acordes y voces. La ansiedad, los trastornos obsesivos compulsivos, el recuerdo envuelto en óxido debajo de las uñas, la suave sensación del dolor inyectado y su incorporación a la corriente sanguínea. Es entonces cuando la respiración se ralentiza, cuando podemos ver cómo nacen y se marchitan las hojas fotograma a fotograma, cómo rompen kamikazes contra el cristal las balas, cómo el tiempo se pasa y cómo pasamos  pasajeros infelizmente felices por esta acera encharcada de vida.

jueves, 8 de marzo de 2018

Ellas

¿Y si fuera así siempre?

Libros sin musas.
Calderos sin brujas.
Hijos sin madres.
Vacías las calles.

Quizás merecemos

hojas en blanco,
pociones inocuas,
hijos con hambre
y calles desiertas.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Idealizar

De ideal e -izar.

1. tr. Elevar las cosas sobre la realidad sensible por medio de la inteligencia o la fantasía.

(Generalmente la gente idealiza antes de conocer realmente el contenido de la persona)

Me pregunto si algún día podré idealizarte habiéndote conocido ya.
Si seguirás siendo para mí como lo eras cuando te idealizaba antes de abrir el diccionario y buscar tu nombre.

Supongo que la decisión no es tuya ni mía. Me temo que sólo nos juzgará el tiempo y su balanza en la que, al menos, tú y yo ponemos el peso de nuestro pensamiento. 

Y me pregunto en qué piensas ahora. 
Y me pregunto en quién pienso ahora.



lunes, 12 de febrero de 2018

No sé

No consigo encontrar la tormenta perfecta ni el ojo del huracán, 
ni la senda a tu secta ni las pistas que dejas tras tus pasos de alquitrán.