martes, 18 de diciembre de 2012

Gris Marte

Abandonó sus ganas de amar, incluso a sí misma. Dejó las maletas en el armario, las postales en la última estantería, atrás del todo. No le importaba que sus uñas ennegrecieran ni que sus dedos amarillearan. Volvió a fumar. Con un golpe de agua limpiaba los cubiertos. 
Ahora sólo ve dos cepillos de dientes en aquel vaso que descansa delante del espejo. Antes había cuatro. 
Su ropa tan arrugada como el propio tiempo. Su gel de baño colgado de los pies con sangre en la cabeza y el cristal de la ducha, cuando el vapor se manifiesta, entrevé mensajes que otros pulgares dejaron hace tiempo.
Ahora se encoje encerrada entre una manta y el sofá, aprieta fuerte su cara contra la esquina acolchada y lanza un grito capado que no llega más lejos que el aire de una niña que sopla su tarta de cumpleaños.

2 comentarios:

K. Diminutayazul dijo...

Es peligroso sentir que se ha dejado de quererse a uno mismo, mucho más que dejar de querer a otro.

conbotasrosasye_yé dijo...

encender cigarrillos de nostalgia, que bucle mas peligroso!

Una sonrisa de cenicero sin colillas!