domingo, 6 de mayo de 2012

Té negro

Hoy mi despertador ha sido un sueño, me he levantado con la ventana en otro lugar de la habitación, enfrente, con una luz diferente, con un sabor extraño en la boca, serán los dientes. Como aspirinas el día se diluye, ya es tarde y las legañas en la tostadora. 
La calle es la puta que siempre espera, la del corazón roto y pies de plomo, la que vive en permanente primavera, tranquila, no acelera. Yo el que hago esperar, el viento que vuelve a llamar, el cuento de las cuentas de la lechera. En definitiva, nadie.
Ya es tarde, ya es tarde, tan tarde como mañana. Recuerda dónde quedamos, te haré esperar y tú nunca te presentarás. Recuerda no atarte un zapato, así cuando pase a tu lado podrás evitar que te vea. Que así sea.
Recuerda olvidarme como el día de hoy, uno más, pero el último.

3 comentarios:

Clementine dijo...

Bonito leerte.

Ardid dijo...

Melancólicamente triste.

“No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo” dijo...

Recordar olvidar...es amargamente recordar...Pisamos por este terreno alguna vez...Muy bueno.