lunes, 23 de diciembre de 2013

opmeiT

Mi boca, cueva se suspiros que no dibujan nada, vaho bajo cero asesinado. 
Ni un solo testigo.
Que el tiempo se nos va y no nos deja nada más que tiempo, que es tan sólo el recuerdo de una cerilla quemada en la hoguera, la piedra de cuello quebrado por los pasos sin importancia, el calcetín agujereado que me da pena tirar.
Que el tiempo se nos va y hoy se nos ha olvidado follar. Y los dos con las ganas en los huesos, famélicas.
Mis dedos, agujas de reloj nerviosas sin arco ni Robin que acierte el disparo a tu cintura, el tiro por la culata y las balas...


¿Dónde están las balas?

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Una chica Bond llamada Niebla

Se acercó a mí, ya sabía mi nombre. Decidida, sin miedo, me perdí en ella. Ni siquiera la toqué. Vino, vio y venció. 
Justa en veneno para desear volver a vernos.
Ni siquiera me tocó. Vino, la vi y perdí.
Perdí el 7 y sólo me quedaron un par de ceros en mis ojos vidriosos y agitados, mezclados en sus interminables piernas que escondían la navaja que hoy todavía desangra mis ganas de.
Vino de la niebla y se evaporó como agua entre dos cuerpos en ebullición para volver a ser lo que fue, niebla. Nunca perdió las maneras, ni sus tijeras en uve
La tuve entre el espacio que nos separaba mientras nuestras palabras copulaban. Retorcidas como un regaliz a punto de estallar en mil dulces.





Failed mission. This tape will self-destruct in five...

jueves, 28 de noviembre de 2013

Ezra Pound Machado

Somos todos.
Concierto ruidoso de viento metálico que agoniza entre empujones, bolsos, pisos de pisadas, miradas que se pierden, tren de trenes, vagones que tiritan y penetran en largas vaginas, negras y sucias. Vagones que eyaculan precoces cientos de intenciones, esperma abrigado preparado para salir y besar. Quieren ser cigoto único entre un público lúcido. Todavía es pronto para salirnos del carril, para pasarnos de parada.
Aún es siempre todavía.

Todos esos pétalos en una rama húmeda y negra
no dejan lugar al aire,



a nadie.

martes, 12 de noviembre de 2013

Never mind

Me gusta cuando abres los ojos por primera vez, débiles. Cuando la luz no ha llenado todavía el día, cuando no sabes dónde estás ni con quién. Cuando me buscas, me ves y no me encuentras y sigues buscando. Yo te miro, tú colocas un punto y aparte entre los hierros doblados de gente en el metro hasta el párrafo siguiente.
Siempre se me pasa el arroz, pero no sabes que mi comida favorita es pasar hambre. Never mind.
No importa siempre que estés. Porque estás.
En las luces de colores, afuera liando un cigarrillo, pasando frío, en la larga puerta del servicio de chicas, en la música de fin de semana y en la espera de los días de diario. En el cepillo de dientes que barre nicotina y alcohol, alzheimer de ayer. En la mirada que se pierde, siempre se pierde entre el confeti de desechos que ha dejado la cabalgata de basureros. Y yo te encuentro entre la mierda más brillante, en las latas dobladas de cerveza verde y roja, en las botellas que hacen guardia vacías y borrachas. Te encuentro en la pausa milimétrica entre dos pares de labios, fuentes a punto de disparar sangre que engatillo casi arañando tu cintura. 
Y nunca acaba. Nunca se acaba esta lava que me funde a tu recuerdo de un mañana mejor, imposible y diferente. Un mañana de extraños extranjeros en mi cama, en tu cama, un mañana que no quiero que llegue si te tengo ahora, ebrio y sincero, rata ebria que juega entre la basura de un barrio que copula a la perfección con cualquier canción. Banda sonora de Malasaña.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Por favor, sin vergüenza

Desnudar la sensibilidad tampoco es mala idea.
Los besos apasionados entre hombres en la boca del metro, mujeres más altas y más hombres que muchos por querer ser mujer y conseguir meta tan difícil como la de la verdad. La fuerza de voluntad de los mismos borrachos abiertos como una farmacia de guardia los trescientos sesenta y cinco días del año, con la lata en mano sin molestar a nadie. Pueden drogarse y mear en mi calle las veces que quieran.
No está tan mal.
Después de asistir a los grandes banquetes protagonizados por naciones abanderadas de la libertad y degustar desde mi niñez la cruda violencia que me arrancó la sensibilidad que hoy debería permanecer aquí dentro. Y no está.
Es una pena que tengamos que pagar por caricias. Es una pena que lo poco ilimitado que podemos ofrecer lo escondamos en grandes bunkers que ninguna bomba puede destruir. 
Y nos las guardamos... Y se caducan... entonces es cuando mueren, las matamos. Y morimos un poco con ellas nosotros también.
Pero a pesar del frío, del frío viento y de la fría y oscura soledad que nos aparta de unos lugares y nos reúne en otros, a pesar de la lluvia, del miedo a morir y del miedo al mar, a no saber nadar, a caminar sobre el agua, a perder la vertical sobre el sentido que lo apoya, a hacer el ridículo de una manera de entre las millones de maneras que existen (os lo aseguro) y superan al ser serio que un día se rió...
Y que no volvió a ser el mismo.
Y, a pesar de todo ello, voy a disparar.

Millones de caricias.


martes, 29 de octubre de 2013

Gélidos

Te enamoraste del escritor y te decepcionó el que escribía. Dos personas diferentes en el exilio permanente. Como agua y aceite. Sin posibilidad de disolverse, de disolvernos en saliva de regaliz deshuesado. 
El escritor es Jagger sobre el escenario. El que escribe es un viejo yonki que te mira el culo cuando no miras, y cuando miras también. Es el poeta Morrison, borracho que te llama de madrugada con hálito de sexo. Es el esbelto Robert Plant y el genuino Hendrix, penes de exposición de Cinthia Plaster Caster.
Yo tengo un poco de aquellos cuatro, seguramente lo peor sin llegar a sus excesos meteóricos. Como resultado soy un soñador más. Un viejo verde mentiroso. 
Me creí capaz de transformar el mundo, mi mundo, nuestro mundo desde una celda de este gran panel que comienza a congelarse.
El frío nos ha tocado y nos hemos convertido en preciosos muñecos de nieve exiliados por una guerra que nunca comenzó. 
Uno     
                             en cada
polo.

Ahora no existimos por intentar rozarnos, por intentar rozarte. Ahora somos parte de un aparte olvidado.
No importa, este Viernes de Venus saldré a emborracharme como siempre he hecho, saldré a ser el que escribe porque el escritor siempre duerme...

Hasta que lo despiertas.