viernes, 11 de julio de 2014

Tres: Escribir

Ahora entiendo eso de "fumando espero..." 
Sólo que yo no espero. En vez de esperar, fumo y bebo. 
Porque nada ni nadie va a llegar. Y rompo así la ecuación dejando a un solo factor actuar (en este caso dos, o quizá tres)
¿Qué es lo que nos queda, cariño?
No hables delante del espejo, allá no hay nadie.
Ven. Pero vete cuando amanezca. Cuando no encontremos nuestras máscaras, cuando ya no haya nadie, ni siquiera nosotros dos. Cuando no quieras verme. 
Cierra la puerta, pero no del todo, deja que entre ese filo de luz desnuda que degüelle el espacio de los dedos de mis pies desnudos.
Voy a drogarme hasta drogarte con un beso.
Voy a deslizarme por el tobogán de la carne de tus labios.
La ceniza ya no se mueve, es una masa de olvido sin aceleración, sin fuerza.
Hagámoslo sin fuerza, dejémoslo ir hacia aquel acantilado. 

Entonces todo cambiará.


miércoles, 25 de junio de 2014

Apoyado en ti

¿Has fumado alguna vez apoyado en el alféizar de una ventana en lo alto de un patio interior, silencioso, donde sólo se puede oír cuando echas el humo? ¿Un patio rodeado muros blancos de corazón gris carcomidos y ventanas a oscuras que parece que te espían? ¿Donde apenas las tejas te dejan ver el cielo?
¿Alguna vez te has parado a pensar adónde va ese humo que se escapa de tus pulmones y recorre la esquina de esa pared como una caricia gris que no te deja ver más allá de lo que ves?



Pues ahí quiero ir.


Ahí es donde quiero llevarte.

sábado, 21 de junio de 2014

En el estanque dorado

(O la capacidad de Héctor Alterio para transmitir)

Fuerte, veloz, amante exponencial, burlón, derrotador del tiempo sobre todas las cosas, Fred Astaire y Cortázar. El señor Alterio rompe espacio y tiempo, atraviesa generaciones y nos pellizca el cordis con un maldito gesto, una mirada al vacío o una caricia en la nalga. Él lo puede todo, nos puede a todos. Incluso jugar con un as en la manga delante de la muerte. 
Cuando no sólo vale un guión ni un actor, allí está él, el hombre que junto a José Sacristán sumó como nadie Dos menos. Cuando sólo nos queda el amor sobre todas las cosas... 
Lola Herrera, Lola, Lolita, bollito maimón, esponjosa mujer de sonrisa sedante, tranquila, es el pegamento que sujeta la vida de Norman a la barca en dirección Olvido. 
Eduardo Galeano dibuja muy bien en El Libro de los Abrazos la síntesis (si es que se puede resumir un sentimiento) de esta obra, o parte minúscula de ella, con una sola palabra, Recordis, volver a pasar por el corazón. Ayer volvimos a viajar por la vieja carretera del recuerdo, giramos miradas hacia tiempos mejores, juventud no reñida con la prórroga de nuestras vidas.

Vivamos, salgamos a la calle, miremos a los ojos. No cuesta nada. Muramos mientras nos dejen porque ya no podremos hacerlo cuando el árbitro pite el final.

Este es nuestro último verano en el Estanque Dorado, celebrémoslo como nunca antes. Digamos adiós.
No. Nunca.
Digamos...

Hasta el próximo año.

domingo, 15 de junio de 2014

Autodestrucción

Lo siento, sólo tengo el título.
Y un cenicero lleno, y vasos vacíos.
Ríos que no empapan, desembocan lejos, tan lejos como la tranquilidad que da el no saber. La paz silenciosa.
Sin preguntas en la cama, arañando el techo con la mirada. La luz llega demasiado pronto, ayer se nos hizo demasiado tarde, ¿verdad?
Lo siento, porque ya no tengo nada salvo el tiempo que me queda. El tiempo que destruyo en mi huida hacia delante llena de ceniceros y vasos, bragas y calcetines, soluciones y problemas sin, recuerdos en el cajón de los, siempre abierto.



Oh that's an ending that I can't write, 'cause
I've got you to let me down.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Un trozo invisible de este mundo

Cuando te quedas sin palabras, cuando titubeas, cuando pierdes el equilibrio, cuando nada vale nada, cuando infinito está fuera de tu alcance. Cuando la historia se repite una y otra vez, las mismas injusticias, las mismas balas de los mismos y la misma sangre de los mismos, cuando gritas y nadie te oye, porque en realidad no estás gritando. Porque no tienes voz, te la han robado. Cuando el amor está allá, a lo lejos y casi no hay plata. Cuando tienes miedo y tu alma está seca y encogida porque te has defendido dando hostias a una vida que te las has devuelto multiplicadas por un número tan grande que casi no existe.
Este es el paisaje que Juan Diego Botto ha dibujado hoy en el Matadero. Maletas sin número, números sin persona, personas perdidas en el olvido de una fosa sobre la que pasamos y pisamos orgullosos de lo que somos, sin darnos cuenta de que hacemos aún más profundo ese hoyo. Sin querer.
Me recordó a los niños en los parques que juegan inocentes sentaditos en la arena. De pronto se encuentran con un puntito pequeño y negro que se mueve con cierta anarquía, sin respetar sus límites de esparcimiento infantil. Es una hormiguita. Ellos no saben qué es una hormiga. Cogen sus palas y las entierran, otros las aplastan, juegan con ellas. Las matan. Sin querer. 
De un día para otro se han convertido en asesinos en serie. Hoy son hormigas, mañana caracoles quizá. Se divierten. Sin saber.

"La vida no es sólo comer, dormir y esperar un nuevo día, restar minutos a la muerte."

Un trozo invisible de este mundo nos recuerda que tenemos suerte. Suerte de no ser un número más, de no caer fuera de ese conjunto de personas sin número, o mejor dicho, con otro número. Porque todos sumamos. El problema reside en que unos suman más que otros.
Por eso hoy hemos resucitado un poco a los muertos, nuestros muertos. Los que todavía no tienen número ni nombre pero de los que aún se conserva su recuerdo en fotos que cada vez se desdibujan más.
Por eso debemos gritar, volver a recuperar el equilibrio perdido.
Volver a ser. 



"Te mereces el pan, pero también las rosas."

lunes, 19 de mayo de 2014

Rompiendo roca

Soy un egoísta, te quiero para mí pero no te quiero para nada más de lo que te quiero. Y no sé si quiero quererte para algo más de lo que te quiero cuando estoy borracho.
Y creo que no. Sobrio agnóstico y ebrio sobrio creyente.
Quizás debería dejarlo...
Y buscar en la madrugada más mentiras que tranquilicen esta metástasis que ahoga y quema, que arrasa y anega las pisadas de la cordura de una playa a la que nunca llega la última ola.
Quizá sea momento de romper con todo.
De romper el acantilado.

domingo, 18 de mayo de 2014

Paracaídas roto

Y no me llamas, y mi cama en llamas.
Y no te llamo, y tú pasas.
Es difícil sacar una suma de nada.
Así que fumo y bebo, 
espero.
Dibujo de gris el aire, me escondo, 
te arrimo el hombro, 
me destruyo un poco y uno los trozos de este puzzle de escombros. Lo logro de mentira, 
ya no funcionan ni las tiritas. 
Disparo y hago un agujero por el que te observo, 
y bebo y bebo y de botellas vacías lleno mi ego
para sedimentar un futuro de eternos luegos.
Para nada, 
para sumar cero.
Para matar el tiempo.
Paracaídas roto.