lunes, 6 de septiembre de 2010

Miércoles

Cantando se fue a su casa, hacía mucho tiempo que no filosofaba mientras orinaba en cualquier bar, con la mano en su miembro y la siniestra empujando la pared.



"Los codos van al cielo..." celebrando la muerte del día y el nacimiento de la oscuridad. Y el tiempo apremia a los insolentes que se dejan vencer por el cansancio, mañana no volverá a ser igual, pero nos da igual a todos. Consúmete raudo que los hielos copulan con el licor nocturno y las agujas penetran. Déjate caer a este lado del meridiano y dime que...todo es mentira. Que no fue tu cintura la que me llenó de ira, que nunca giró tanto el mundo para que nos cambiara tanto la vida. Dime que no estuviste allí y que solamente vi una imagen rota que rompió la puerta de la verdad testaruda, dime que volví a jugar a anudar los collares de sal en el mar, nunca más, nunca más…

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Viernes

Y cerré los ojos al amanecer. Siempre sedoso su suave silencio asomando al fondo y alargando las sombras de los escasos quietos, inmóviles testigos del fuego eterno que canta la misma serenata día tras día.


Día tras día...


Cerré los ojos, ásperos de tragar otra noche de roces, de coces que escuecen, de cocerme otro viernes recóndito en el que se pierde el rastro de toda herradura amiga.

Los cerré...

Y la luz murió en un chasquido de párpados azules y lenguas de tierra movedizas. Los brazos fusilados besaron el colchón virgen de eso y los ojos se volvieron al pasado de cara a las entrañas, fue un coma necesario como el comer.

Y ya nada volverá a ser igual, ya nada volverá a ser igual...

domingo, 15 de agosto de 2010

Fotosíntesis

¿Has conocido el desgarro de una mirada que desnuda?
¿Sientes esa herida?
-"Sigues viva".

miércoles, 14 de julio de 2010

Soy el mejor

Los halagos sólo son buenos cuando el que los recibe tiene la inteligencia suficiente como para no quererse a sí mismo en exceso.

domingo, 4 de julio de 2010

jueves, 1 de julio de 2010

Ironía al volante

Casi no quedaba nada de aquel cuerpo reventado en la carretera que velaban los mosquitos con babero. El hueso de la nariz aparecía entre la seca mucosa apuntando al cielo y servía de palillo a las hambrientas gotas negras y rojas. De su vientre salía un puño abierto y agrietado que clamaba al cielo la pregunta que siempre sigue a una muerte accidental, sus costillas dejaron de abrazar a la carne para exhibirse a un público impasible con la mirada fija en el resto del camino.

Volvía satisfecho del trabajo, la paja y el verde eran un paso de cebra natural alejado de los raíles del maquinismo y del alquitrán kilométrico que acaba siempre en cascada hacia destino. Gafas de sol contra Helios, brisa con prisa que entra por un resquicio de la ventana y dedos que replican al son de una canción cualquiera.

Dos mariposas enamoradas de pronto pintan la luna del coche de rojo y blanco.

Algo que parece un gato evaporándose y fundiéndose lentamente con una nube de mosquitos observa tan impasible como el conductor que le mató a la eliminación del amor.