sábado, 20 de junio de 2026

De paseo

El portero barriendo.

La ciudad cada vez está más gris, parece que agoniza con la vergüenza de sentirse el centro de toda mirada.  

Los pájaros llevan la voz cantante. 

Cementerio de motores en batería. Me cruzo con pocos cadáveres, llevan cosidos un apéndice a sus falanges al que tienen sus ojos pegados. Las nubes se abren suavemente. El bloque de blanco hielo da paso a un ojo azul por el que saco el cuello para llenar mis pulmones. Agarrado a su párpado respiro. Estoy en paz por un segundo. Solamente mirándola puedo detener el tiempo. Duerme.  

Yo también soy un cadáver. Soy un cadáver consciente del segundero. Un cadáver que quiere escapar de este cementerio.

domingo, 22 de marzo de 2026

Lucía

Creo que cuando nazcas voy a morir.  (31 de marzo de 2025)


Casi un año después sigo muriendo cada vez que me miras y sonríes.

Es acojonante escribirte en el rato que tengo cuando no estás aquí. Soy adicto a ti, he olvidado mirar al papel en blanco y lo he sustituido por madurar, trabajar, ocuparme de las cosas que se ocupan las personas mayores que buscan estabilidad. Atrás quedaron la ceniza y los vasos como punto de partida al borde del margen izquierdo. 

Quiero pensar que cuando mi padre me abraza está abrazando a ese bebé que tenía entre sus brazos hace 44 años, con esa delicadeza, amor y cariño. Así lo siento yo contigo, así quiero que sea siempre.

Gracias por venir y quedarte.

Te quiero.

Te queremos.






martes, 23 de agosto de 2022

Nadie esperará por ti

Nadie esperará por ti, 


ni por mí.


Por casualidad he viajado atrás en el tiempo y se me ha encogido el escroto de emoción, quizás por el misterio que envolvía este blog, por sus comentarios de hace ya tantos años, por volver a pensar que una vez fui escritor. 

Pero ese Peter Pan creció y se hizo cenizas en un leve torbellino de aire gris, levitó en lenta suspensión como un testamento de cuerpo presente que se va apagando detrás del mar. 


Quizás vuelva a fumar en soledad, por nostalgia, por volveros a ver a todos de nuevo. Muchos habéis muerto como yo, quizás haya vuelto para saludar por última vez ya que el 4 de abril del 21 no dije ni "chau". Cuidados intensivos lo llaman, a mí me suena más a la ausencia de tinta que no escribe ni pinta un garabato. 

Quizás haya cambiado el collar del gato.

Quizás haya perdido las vidas que me quedan.

Nadie nos está esperando,

todos hicieron las maletas y se han mudado.

domingo, 4 de abril de 2021

Reloj no marques las horas

Siempre se va, siempre.
Sabe que voy a escribir, cierra la puerta y me regala tiempo.
Hace mucho que no ejerzo, la vida tranquila pocas veces requiere esfuerzo y los libros y cuadernos se abrigan con el polvo olvidado de aquel recoveco que siempre olvidé limpiar.
Ya todo es instantáneo, la dopamina se regala y nos relaja por fracciones, micras y gramos. La vida se resume en un parpadeo que bate sus alas en el justo momento de la detonación. Después todo es sombra hasta que llega la oscuridad, lentamente. Como el beso que nunca se acaba tendiendo un último húmedo puente entre dos ventanas de carne, vecinas en una calle de Madrid que respira polución con estrés por llegar adonde uno no quiere.

Quizás las prisas por llegar hayan reventado el reloj que nunca daba las horas






domingo, 7 de junio de 2020

Nueva normalidad

En tu yugular miles de agujas nerviosas buscaban el salto al precipicio de tu bomba roja.
Las calles hablaban pisadas en pretérito y nadie volvía la mirada, mis ojos desnortados se anclaban en coordenadas escritas en una servilleta de bar, seca, rugosa y cuadriculada.
Me he perdido en una ciudad que te ofrece una alfombra llena de cenizas cuando pagas el peaje de la A6.
Subo con bolsas llenas de conversación a tu casa y la impaciencia hace grietas en los cuerpos difuminados. Nos hemos olvidado de los años pasados y parece que los recuerdos pesan demasiado.
“¿Dónde está el whiskey?”
Hay hielos en la mesa de la cocina, mis amigos discuten en el pasillo, se quieren mucho y nadie sabe que se van a divorciar. Me tomaré la copa caliente mientras pisamos el techo de unos vecinos que nunca faltan a misa de 12. Eva y su novio hablan con Laura, están sentados en dos sofás que hacen ele, comparten una mesa llena de cadáveres de pipas de calabaza y posavasos de un bar de Amsterdam donde alguien del piso quiere recordar las neuronas que se fueron con el humo.
“Ahora vengo, voy al baño.”
Por lo visto aquel cuarto de baño fue tierra de cultivo de conversaciones de mierda que nadie se acuerda y algún pitillo de coleta gris al lado del jabón de manos. Nunca fue testigo del luto al día siguiente. Pobre Jesús, nunca se quejó del Chernobyl que dejamos atrás.
Me han encerrado en una casa con amigos y sólo puedo saltar por una de las dos ventanas que dan al parking del Alonso Cano 99.
Necesito verte más a menudo. Siento haber dejado de escribir en tu costado donde mis sueños soñaban con agujas de tinta en tu epidermis.
Lo siento, he perdido la forma y las formas. Soy más viejo y tengo menos sueños inmateriales. Ahora imagino con letargo y respiración pausada. Debo volver a rajarme las venas con las hojas de aquellos libros empapados en polvo pero tengo agujetas de correr alrededor del reloj.

miércoles, 12 de junio de 2019

Tiempo y espacio (arena)

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez.
Mis dedos tiemblan al plantar cara a un nuevo estío de celulosa que parecía en barbecho. Mi pecho palpita, cabalga sobre el tambor del llano, caballos fuera de sí pisando sobre sílabas sin saliva, sin salida entre trago amargo ahogado y malogrado.

Ha pasado mucho tiempo y sigo sin verte. 
Da igual amarillo o verde,
lejos o cerca, 
la valla que nos separa nos depara un reloj sin arena.
Lejos y cerca.

No duelen tanto las espinas de la verja.

jueves, 7 de febrero de 2019

Metro

Te bajaste en Ópera.


Y el resto del viaje fue un drama.

En el cielo no hay alcohol (VV)

Buscando tus abrazos en el exilio, ese abrigo que solamente irradia una cuna y el recuerdo de aquella chimenea donde restallaban pupilas al son de madera seca.
Ahora, en mi lecho de muerte en vida por un día, cada día que me atropella el mediodía con su tren de excesos y lagunas de cubos de hielo, quiero volver a tu piel, al silencio del campo de tu epidermis, ahora, cobarde de mí.
Quizá sea porque me estoy haciendo mayor, más débil, más pequeño. Quizá siga sin aprender la lección. Ya no sé hacer ni chuletas.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Friday's special

Suena Soma y la bailarina de vinilo gira y gira sin marearse, todos están presenciando cómo escribo la primera página de mi autodestrucción. Es una página en blanco que nació ya arrugada, un aborto de imaginación desgastada en los baños de lugares a los que nunca volví, o creo recordar no haber vuelto.
Me quedo con el recuerdo de tus medias perfectas y me pierdo en la ingle que da nombre a tu cara desgastada. Me quedé en aquel bar de aquella calle de aquel lugar de aquella ciudad en la que nos cruzamos sin querer saber que nos conocíamos de otro bar de otra calle de otro lugar de la misma ciudad. Me quedé frío y solo, que al fin y al cabo es lo mismo que levantarse un viernes a las 7:10 de la mañana e irse a casa un sábado a las dos de la tarde.

jueves, 29 de noviembre de 2018

No hay amor

Llegó a casa taquicárdico, tiró la colilla de su cigarro al suelo del parqué y se sentó en el sofá como el paciente que espera en urgencias, silenciosa figura de cuatro.
Agarró un mechero bic, grande, azul cielo, ovalado como la mirada cómplice del compañero de mus que tiene tres cerdos y un as.
No tenía gas. Tampoco quería bajar a comprar un nuevo fuego así que, encerrado en su cueva puso a prueba sus huellas digitales, primero la del dedo obeso mórbido de la mano derecha. Su insistencia hizo desaparecer dos números de su dni. Luego pasó a su mano izquierda, dedo progre.
Salía un humo fino que ascendía fatigado escalador con gran pájara.
No había fuego ni blanco y negro en aquella habitación donde el calor del color amarillo se diluía a pocos metros de una sombra encogida ya, sin posibilidad de fotosíntesis para la hoja marchita de la paciencia.

jueves, 13 de septiembre de 2018

De ida y ¿vuelta?

De tanto que me querías,
y mi corazón con estrías,
con las venas* llenas de amor (dar)
y las arterias** vacías. (recibir)


*Las venas llevan sangre de los tejidos al corazón. Sus paredes son más delgadas que las arterias.
**Las arterias llevan sangre del corazón a los tejidos. Sus paredes son gruesas y expandibles.

martes, 17 de julio de 2018

Hace veinte años

Cada vez que vuelvo a mi ciudad suelo pasar por una calle desde la que siempre veo aquella ventana pequeñita, redonda y roja. Siempre la miro porque al verla retrocedo en el tiempo por un instante, sonrío y continúo caminando comprimiendo un pensamiento que parece que no se borra, o no quiere irse.

Fue hace mucho tiempo, la palabra feminismo sonaba a superioridad femenina, había manadas pero no salían en la tele, había violencia hacia la mujer, pero no era violencia, se silenciaba con amenazas, las mujeres, como hoy todavía, cobraban menos que los hombres. 
Esa ventana daba a una habitación abuhardillada donde compartí por primera vez cama con una chica. Todo iba a ir genial.

Nos metimos en la cama, todo estaba yendo genial. Todos mis amigos ya lo habían hecho y yo sentía que esas larvas que arañaban a su paso por mis entresijos saldrían catapultadas por aquella ventana pequeñita, redonda y roja convertidas en mariposas multicolores a la mañana siguiente.

Y entonces ella, como despertando de una pesadilla, abrió sus ojos y volcó en mí un empujón en forma de aire.

¡PARA!

Yo me asusté y paré. Le pregunté si todo iba bien y ella respondió con el mismo imperativo.

Paré y, sin saber qué había hecho mal, en silencio, me aparté. Innato.

Dormimos hasta el día siguiente.

lunes, 11 de junio de 2018

Unos cuantos sentidos de más

Los chicos con las chicas, 
las chicas con los chicos...

Cada calcetín con su par, mismos zapatos, cordones de los mismos colores. 
"Estamos matando al número impar"-dijo mientras besaba el borde de su taza de black coffee.
El silencio sólo* es incómodo cuando es silencio. ¿Acaso los ojos no hablan, los gestos?
"Quiero que te vayas, quiero irme de aquí", es lo que pensaba ella delante de mí cuando la comunicación verbal se desvaneció. Lo noté y el silencio se hizo cama de agujas oxidadas. 
Todos miran el móvil cuando van al servicio.
Yo me meé encima por no perderme una mirada suya, incluso las que hacían parábola sobre el resto de seres humanos en aquella terraza de gente sin importancia. No es tan fácil golpear el cristalino de la mujer que tienes delante y penetrar en sus pensamientos. A veces no hace falta, la mirada habla por sí sola pero mis yemas suspendieron braille en segundo curso. La universidad fue muy dura para mí, por eso decidí jugar con el haki mientras bebía litronas de hachís. Es tan importante mirar, ver, observar las flechas que van hacia uno como las que ella lanza a su alrededor. Trescientos sesenta grados de globo ocular. Como la Luna, solamente vemos una parte de sus ojos, ¿qué guarda el resto?
Y la mirada cogió el ascensor al sótano de su entrepierna. Piel que la vestía de mujer y marcas de mis dientes que le faltaban. Tacto del gusto al arco de sus movimientos que podía oír a cada milímetro de traslación y rotación.
Ella era el Sol y la Tierra.









*Sigo acentuando sólo. Es algo personal.

jueves, 10 de mayo de 2018

Antonio Machado

No recuerdo bien si eran cables rojos o vísceras lo que nos ataba. Un laberinto de carne dura y dunas que levantaban tus costillas flotaban en la densidad y el color del licor de granadina. Suave como despertar tras un coma, tras ese sencillo susurro de aire que precede al intercambio de saliva viscosa y dulce de un caracol en celo.
No recuerdo bien cuándo fundiste los plomos de aquella avenida, no recuerdo cómo, sin levantar cabeza, dibujaste en el cielo tallos germinando a la velocidad de fuegos artificiales. 

(El proceso de escritura puede darse de miles de maneras, por ciencia infusa, por vivencias bien o mal filtradas a la taza de café, tras un largo, o no, proceso de lectura y aprendizaje... Yo bebo y fumo hasta que algo sale)*.

No recuerdo cuándo escribí esto, cuándo te conocí y si te conocí pero todo apunta a que la respuesta es ahora.

Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora. 


*Parón en el proceso creativo debido a la falta de ideas y/o la imposibilidad de alcanzar un estado alterado de conciencia. Otro cigarrillo y un nuevo trago.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Lluvia

Hace poco leí algo así como "No hay que sentirse vivo, sino humano".
Iván Ferreiro dice que en la tristeza hay belleza. Creo que piensa que no hay nada de malo en estar triste, que no debemos aplacar ese sentimiento, tan natural como la felicidad.
Podemos volver a ese "Es mejor haber amado..." del poeta inglés Alfred Tennyson (no sabía quién lo dijo, lo he buscado en Internet).
Es mejor haber sido humano que no un mero pasajero de la vida. Es mejor tener grietas, ser imperfecto.

Lou Reed se mezcla con el sonido de la lluvia rompiendo en las ventanas, algunas gotas de agua se cuelan curiosas en casa y me preguntan qué me pasa. Intento sentirme humano, pero cuanto más humano me siento, menos vivo estoy. 

Existe una felicidad vegetativa en las canciones tristes. Una luz latente que asoma con determinados acordes y voces. La ansiedad, los trastornos obsesivos compulsivos, el recuerdo envuelto en óxido debajo de las uñas, la suave sensación del dolor inyectado y su incorporación a la corriente sanguínea. Es entonces cuando la respiración se ralentiza, cuando podemos ver cómo nacen y se marchitan las hojas fotograma a fotograma, cómo rompen kamikazes contra el cristal las balas, cómo el tiempo se pasa y cómo pasamos  pasajeros infelizmente felices por esta acera encharcada de vida.

jueves, 8 de marzo de 2018

Ellas

¿Y si fuera así siempre?

Libros sin musas.
Calderos sin brujas.
Hijos sin madres.
Vacías las calles.

Quizás merecemos

hojas en blanco,
pociones inocuas,
hijos con hambre
y calles desiertas.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Idealizar

De ideal e -izar.

1. tr. Elevar las cosas sobre la realidad sensible por medio de la inteligencia o la fantasía.

(Generalmente la gente idealiza antes de conocer realmente el contenido de la persona)

Me pregunto si algún día podré idealizarte habiéndote conocido ya.
Si seguirás siendo para mí como lo eras cuando te idealizaba antes de abrir el diccionario y buscar tu nombre.

Supongo que la decisión no es tuya ni mía. Me temo que sólo nos juzgará el tiempo y su balanza en la que, al menos, tú y yo ponemos el peso de nuestro pensamiento. 

Y me pregunto en qué piensas ahora. 
Y me pregunto en quién pienso ahora.



lunes, 12 de febrero de 2018

No sé

No consigo encontrar la tormenta perfecta ni el ojo del huracán, 
ni la senda a tu secta ni las pistas que dejas tras tus pasos de alquitrán.

jueves, 25 de enero de 2018

Algo se nos está pasando (inyectado de cafeína)

Inyectado de cafeína meditaba acerca del futuro. De cómo, con el paso del tiempo, unos se vuelven más comprensivos y otros más testarudos.
El tiempo, la oxidación de sus células, era el único elemento que transportaba con éxito sus ideas de un extremo a otro, siempre con esa paciente comprensión que sólo él ofrece, sin esperar nada a cambio.

Salvo nuestro propio tiempo.

A ese reloj de arena le quedaban ya pocas playas.

Era una mañana casi abierta, el pulso del barrio comenzaba a bombear con ritmo los quehaceres de sus glóbulos rojos.
Es una pena que se nos pasen tantos detalles. 
La terraza de la plaza era un desierto de palmeras de tela, solamente salvaba esa constante de tempo exacto aquel oasis con forma femenina y zumo de naranja.
El mendigo de la calle pez, vecino recién llegado, buscaba nada y contaba los pasos restantes cabizbajo hacia cualquier mirada cómplice que le alimentara con una conversación que nunca llegaba.

Se nos está olvidando dar de comer al corazón.
Tenemos el estómago demasiado lleno haciendo la digestión.

Inyectado de cafeína, caminaba por la calle buscando un detalle que le trajera el mar a Madrid. Buscaba una mirada que nadie le regalaba.

Porque una mirada con marea no se encuentra en cualquier playa.

miércoles, 17 de enero de 2018

El tiempo y lo importate

A veces es necesario escuchar ese impasse que acaricia la aguja entre canción y canción. Es como escuchar el silencio de un surco sordo al que nadie ha regalado una cuerda vocal. Es como mirar sin hablar. Monotonía aparente que se repite siempre tras los mismos vidrios. Entre canción y canción conquistamos el mundo, allí abajo, en la cola del supermercado, cuando nos cruzamos de madrugada camino al trabajo, en la barra del bar y en el autobús. 
¿Escuchas cómo suena mi piel de plástico sobre la aguja de tu mirada? 
Soy música.